1. El predominio de las industrias electrónicas de comunicación sobre las formas tradicionales de producción y circulación de la cultura, tanto ilustrada como popular.
2. El desplazamiento de los consumos culturales de los equipamientos públicos (teatros, cines, bibliotecas, casas de la cultura y salas de concierto) a los medios electrónicos que llevan los mensajes a domicilio (radio, televisión, video, internet, etc.).
3. La disminución del papel de las culturas locales, regionales y nacionales ligadas a los territorios e historias particulares en beneficio del incremento de los mensajes generados y distribuidos mediante circuitos transnacionales.
4. La redistribución de responsabilidades del Estado e iniciativa privada respecto de la producción, financiamiento y difusión de los bienes culturales.
Estas tendencias han respondido al proceso de globalización que implica, por un lado, el rápido desarrollo de las comunicaciones y, por el otro, el intento de imponer y reproducir una sola cultura (llámese global, occidental o estadounidense).
En este contexto se han presentado dos claros caminos a seguir en términos culturales: la constitución de una cultura mundial que sea única y homogénea con el objeto de facilitar los flujos comerciales y obtener mayores ganancias al economizar tiempo y esfuerzos y; la idea de fortalecer la diversidad cultural y la creatividad en el mundo como mecanismos idóneos para enfrentar las desigualdades sociales.
En síntesis, se debate entre la emergencia de una cultura global y la resistencia de las culturas nacionales. El resultado de esta dinámica ha sido el surgimiento de crisis de identidad, lo cual se complica aún más al crearse nuevos referentes culturales.
Bien podría afirmarse que la tendencia a la homogeneidad cultural es la que priva en el mundo contemporáneo. No obstante, según García Canclini el problema es más complejo.
Pese a la variedad e intensidad de los procesos de globalización, ésta no implica la unificación indiferenciada ni la puesta en relación simultánea de todas las sociedades entre sí. Los países acceden de manera desigual y conflictiva a los mercados económicos y simbólicos internacionales.
A esta situación debe sumarse el claro dominio de Estados Unidos sobre la cultura internacional a través de sus redes de información y empresas de entretenimiento, lo cual genera la ausencia de una oferta multicultural equilibrada y; las tendencias que empuja el modelo neoliberal de desarrollo en el área cultural (reducción de fondos para la educación, la investigación y la difusión cultural, por ejemplo).
Con base en el neoliberalismo también hay que señalar el papel actual que juegan los Estados en la dimensión cultural. Éstos han reducido su acción a la simple protección del patrimonio histórico y a la promoción de ciertas artes tradicionales, cediendo la importante tarea de promover la cultura a la iniciativa privada.
En este escenario la labor de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha sido muy valiosa. Desde su fundación hasta la actualidad este organismo internacional ha velado por el respeto a la diversidad cultural.

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