La revalorización de la vida pública asociada a un resurgimiento de las
industrias culturales latinoamericanas no ocurrirá sin una revitalización del
papel de Estado, no tanto como propietario de los medios sino como coparticipante
y regulador junio con la sociedad civil. Dado que la esfera pública y la
ciudadana se desarrollan ahora con un horizonte transnacional, los organismos
supranacionales (UNESCO, BID, OEA, Convenio Andrés Bello, SELA,
Mercosur) pueden cumplir un papel decisivo para que las interacciones comerciales
se relacionen con otras interacciones sociales y culturales donde
se gestiona la calidad de vida y que no son reductibles al mercado, como los
derechos humanos, la innovación científica y estética, la participación social,
la presentación de patrimonios naturales y sociales, las reivindicaciones de
mayorías y minorías.
Las industrias culturales han pasado a
serlos actores predominantes en la comunicación social y en la constitución de
la esfera pública. En la formación de las naciones latinoamericanas la literatura,
las artes visuales y la música proporcionaron los recursos culturales para las
reflexiones fundacionales, la elaboración discursiva sobre lo que se llamaba «el
ser nacional» y las imágenes que emblematizaban la identidad de cada nación:
de Sarmiento y Arguedas hasta Neruda, Paz y Borges, desde el muralismo
mexicano y boliviano hasta el tango y el folclore andino. Sólo laradio comenzó
a desempeñar este papel unificador de las sociedades nacionales antes de la
mitad de siglo, y el cine en los países que lo tenían (Argentina y México). Pero
la estructura del desarrollo cultural cambia a partir de los años cincuenta con el
surgimiento de la televisión, la expansión masiva de la radio en los mismos
años y luego el vídeo y la informática desde mediados de los 80.

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